El Parkinson: el primer síntoma y los retos del diagnóstico temprano
El Parkinson se detecta a través de la rigidez muscular, pero su diagnóstico suele tardar. El especialista Juan Ferrario destaca la importancia de la investigación y la lucha contra los prejuicios sociales.
Por LA NACION · 6 de noviembre de 2026

El Parkinson sigue siendo un reto para la medicina moderna, pues no existe cura y su diagnóstico a menudo llega demasiado tarde. Además, las barreras sociales y la discriminación laboral agravan la situación de quienes conviven con la enfermedad.
El doctor en Ciencias Biológicas Juan Ferrario, investigador especializado en esta patología, explicó en una entrevista que el 90 % de los casos se manifiestan entre los 50 y 60 años, aunque existe un componente genético que puede adelantar la aparición de los síntomas de manera drástica.
Según Ferrario, el primer signo detectable es la rigidez muscular. Este síntoma, en sus primeras etapas, resulta difícil de identificar, y solo el 10 % de los casos con origen hereditario presentan esta manifestación temprana.
En las variantes hereditarias, la enfermedad puede manifestarse mucho antes de lo habitual, incluso a partir de los 10 años o en la franja de los 30 a 40 años, lo que subraya la necesidad de una vigilancia temprana en familias con antecedentes.
Un caso emblemático de esta variante genética es el del actor Michael J. Fox, quien ha lidiado con la enfermedad desde su juventud y se ha convertido en un referente global de la lucha contra el Parkinson.
Recientemente, la visibilidad de su condición volvió a ser noticia tras un emotivo episodio en el set de la serie “Terapia sin filtro”, donde un gesto de Harrison Ford conmovió profundamente a Fox, evidenciando la importancia del apoyo y la empatía en el entorno profesional para quienes atraviesan este proceso.
El especialista aclaró que las personas con Parkinson presentan problemas motores, pero no cognitivos, salvo en casos puntuales; mentalmente están en perfectas condiciones.
Al abordar los estigmas de la enfermedad, Ferrario señaló que la mayoría de los pacientes sufre discriminación en el ámbito laboral, y desmitificó la idea de que el Parkinson anula las capacidades de una persona. “Existe una tendencia social a alejar a los afectados de sus puestos de trabajo bajo la falsa premisa de que no pueden llevar una vida normal bajo tratamiento”, explicó.
En cuanto a las opciones terapéuticas, el investigador advirtió que no todos los pacientes son candidatos para intervenciones quirúrgicas. “No todos los casos de Parkinson son susceptibles de cirugía”, precisó, subrayando que el tratamiento debe ser integral y adaptado a cada etapa de la enfermedad.
En este contexto, la Argentina ocupa un lugar de privilegio en el mapa sanitario regional. Ferrario destacó que el país es considerado un “faro” respecto a los tratamientos disponibles y la calidad de sus profesionales, y recomendó trasladar a los afectados a centros especializados en movimientos anormales.
Para concluir, el doctor insistió en la necesidad de fortalecer la ciencia, pues “fortalecer a la ciencia no solo nos permite acceder a mayores recursos para conocer en profundidad al Parkinson, sino también para combatir los prejuicios que aún persisten en la sociedad”.
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