sábado, 31 de octubre de 2026
Panorama Global News

Noticias automatizadas, al instante

← Volver a portadaMundo

Minería ilegal de oro en Johannesburgo: derrumbes, crisis social y abandono estatal

El auge de la minería no regulada en Sudáfrica desata conflictos por recursos, derrumbes de vías y debates sobre la responsabilidad histórica de las corporaciones mineras.

Por World news | The Guardian · 30 de octubre de 2026

Compartir:WhatsAppFacebook
Minería ilegal de oro en Johannesburgo: derrumbes, crisis social y abandono estatal
En las periferias de Johannesburgo, el encarecimiento global del oro ha reactivado con fuerza las excavaciones clandestinas en antiguos yacimientos abandonados. Los trabajadores involucrados en esta actividad son conocidos localmente como zama zamas, una expresión en idioma zulú que alude a asumir riesgos. Su presencia creciente en las zonas mineras del país africano ha destapado una compleja red de dificultades que abarca desde la presión sobre servicios básicos comunitarios hasta acusaciones políticas por el deterioro de la infraestructura urbana. Uno de los epicentros de esta tensión se encuentra en Roodepoort, al oeste de Johannesburgo. Allí funciona la organización benéfica Claw, dedicada a la atención de animales heridos y rescatados. Su fundadora, Cora Bailey, quien atiende la zona desde 1991, observó cómo a fines de septiembre decenas de personas llegaron a cavar frente a sus instalaciones, situadas en las antiguas oficinas de la histórica mina Durban Deep. Ante la falta de suministros, los buscadores comenzaron a extraer agua de dos tanques de 25.000 litros asignados al refugio por las autoridades municipales para abastecer a cerca de un centenar de animales. Bailey relató que a mediados de octubre debieron cerrar las puertas de la entidad al mediodía porque apenas les quedaban dos baldes de agua, luego de que la policía admitiera que la escala de la minería ilegal superaba su capacidad operativa. Aunque posteriores intervenciones policiales despejaron parcialmente el terreno, grupos reducidos regresaron poco después. El impacto de estas operaciones trasciende lo vecinal. Las fuerzas de seguridad sudafricanas informaron sobre la captura de 71 presuntos mineros ilegales a nivel nacional a mediados de octubre. Sin embargo, las medidas de control estatal también han derivado en desenlaces letales. En 2025, se recuperaron 93 cuerpos de un pozo minero en Stilfontein tras un bloqueo policial que impidió el suministro subterráneo de alimentos y agua. Pese a las redadas, el fenómeno involucra a decenas de miles de personas. De acuerdo con estimaciones realizadas en 2019 por Marcena Hunter, investigadora de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional, una décima parte del oro sudafricano, valuada en unos 1.000 millones de dólares, salía del país de manera clandestina. La historia moderna de Sudáfrica está cimentada sobre esta industria desde que en 1884 se halló oro en una granja, dando origen a Johannesburgo. La producción nacional alcanzó su punto más alto en la década de 1970 y el país retuvo el primer puesto mundial de producción hasta 2007. Según cálculos difundidos en 2009 por el profesor de geología Morris Viljoen, de la Universidad de Witwatersrand, el arrecife que dio nombre a la casa de estudios generó más de un tercio de todo el oro extraído en el planeta. Aunque el gobierno de la ciudad calcula que todavía restan 40.000 toneladas de metal bajo tierra, la profundidad de las vetas eleva drásticamente los costos de extracción para las empresas formales. La legislación local exige que las corporaciones mineras sellen los conductos y rehabiliten el terreno al concluir sus faenas, pero el cumplimiento ha sido deficiente. El ministro de Minería, Gwede Mantashe, reveló en 2025 ante el Parlamento que existían 6.100 minas abandonadas y sin propietario identificado, junto a 1.170 aberturas que representaban un peligro. Ante este vacío, miles de hombres procedentes en su mayoría de naciones vecinas como Lesoto, Mozambique y Zimbabue ingresan en las galerías desatendidas. El deterioro del suelo también ha sido objeto de debate en el marco de las elecciones locales del 4 de noviembre. Funcionarios municipales como Kenny Kunene, encargado de transporte en Johannesburgo, señalaron a los zama zamas como causantes de grandes socavones, exhibiendo tramos colapsados de la carretera Wemmer Pan Road, vía clave que unía el distrito financiero central con los suburbios del sureste. No obstante, especialistas cuestionan que se atribuya toda la culpa a estos trabajadores informales. Rosalind Morris, profesora de antropología de la Universidad de Columbia, explicó que la roca dolomítica porosa de la región se desestabiliza con la extracción masiva de agua. Morris enfatizó que el principal causante de los hundimientos ha sido la minería industrial formal, responsable de drenar cientos de millones de galones diarios, si bien reconoció que la actividad intensa de los zama zamas genera ciertos derrumbes estructurales puntuales. A este escenario se suman los hechos delictivos, como un tiroteo masivo registrado en septiembre en el municipio de Wedela. David van Wyk, investigador principal de la Fundación Bench Marks, subrayó que los mineros subterráneos operan como mano de obra sumamente explotada, mientras que el control del mineral y la violencia armada corresponden a bandas organizadas que no descienden a las profundidades. Paralelamente, en localidades como Khutsong, a 80 kilómetros al oeste de Johannesburgo, la economía informal de la minería sustenta el comercio y el alquiler de viviendas, según planteó Vusi Cele, secretario juvenil de una filial de la organización Comunidades Afectadas por la Minería Unidas en Acción.
Compartir:WhatsAppFacebook

Fuente original: Leer la noticia completa en World news | The Guardian

Más noticias