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Longevidad: claves según el cardiólogo Jorge Tartaglione

El cardiólogo Jorge Tartaglione destaca que la longevidad depende más del estilo de vida que de la genética, citando ejemplos de lugares con alta esperanza de vida.

Por LA NACION · 4 de noviembre de 2026

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Longevidad: claves según el cardiólogo Jorge Tartaglione
El cardiólogo Jorge Tartaglione, quien escribe una columna en LN+, ha vuelto a abordar el tema de la longevidad. En su última entrega, el profesional explicó que la edad media entre 55 y 56 años representa un punto de inflexión: a partir de ese momento, la probabilidad de vivir entre 20 y 25 años adicionales sin padecer enfermedades crónicas aumenta notablemente. Según Tartaglione, la voluntad individual es el factor decisivo, pues la genética solo determina un 25 % de la duración de la vida, mientras que el resto, un 75 %, queda en manos de cada persona. El médico destacó que la actitud mental y el entorno social influyen de manera directa en la salud a largo plazo. "Una mente positiva y un ambiente que fomente la actividad física y la interacción social son esenciales", afirmó, subrayando que estos elementos pueden contrarrestar la predisposición genética. Para ilustrar su punto, Tartaglione citó varios lugares donde la esperanza de vida supera los promedios mundiales. En Loma Linda, California, la comunidad se caracteriza por su fuerte fe y práctica religiosa; el cardiólogo señaló que la espiritualidad contribuye a una vida 10 años más larga. Costa Rica aparece como otro ejemplo, donde los habitantes disfrutan de más de 80 años gracias a una dieta rica en frutas tropicales y a un estilo de vida tranquilo. La combinación de alimentos frescos y la calma cotidiana favorece la salud cardiovascular. La isla de Icaria, en Grecia, se destaca por la actividad física constante. Los residentes suben y bajan la colina de día y de noche, caminando sin cesar, lo que según Tartaglione refuerza la longevidad. En Cerdeña, Italia, la alimentación natural y sin procesar también juega un papel crucial. El especialista explicó que la comida que “sale de la tierra, se expone al sol y se pudre” es rica en nutrientes y libre de los químicos de los ultraprocesados, lo que favorece la vida saludable. Okinawa, en Japón, presenta un enfoque diferente: la gente vive con un propósito diario. "No es necesario hacer algo enorme; basta con compartir un mate con una amiga, pasear al perro o simplemente levantarse con una visión", comentó. En esta isla, los 90‑añeros se levantan a bailar, cantar o tocar el tango, manteniendo la actividad y el sentido de pertenencia. Tartaglione resumió las claves para prolongar la vida en cuatro pilares: alimentación saludable, ejercicio regular, vida social activa y un propósito de vida. Cada uno de estos elementos contribuye a la prevención de enfermedades y a la mejora de la calidad de vida. En conclusión, el cardiólogo enfatizó que la longevidad no es un destino predefinido por la genética, sino un resultado de elecciones conscientes y de un entorno que promueva el bienestar. Adoptar hábitos positivos, mantenerse activo y cultivar relaciones significativas son, según Tartaglione, las estrategias más efectivas para vivir más y mejor.
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Fuente original: Leer la noticia completa en LA NACION

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