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La derrota de Trump limita su poder interno, pero su influencia internacional permanece

Tras la derrota electoral, Trump pierde influencia interna, pero mantiene herramientas militares y diplomáticas que podrían seguir moldeando la escena mundial.

Por BBC Mundo · 5 de noviembre de 2026

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La derrota de Trump limita su poder interno, pero su influencia internacional permanece
El martes, la elección de medio mandato en Estados Unidos dejó a Donald Trump fuera de la mayoría de los votos, marcando una derrota que afecta su posición dentro del país. El resultado se interpreta como una señal de karma político, pues su estilo de comunicación se basa en superlativos que contrastan con la realidad electoral. La pérdida de apoyo electoral reduce su capacidad para influir en la legislación y en la política interna, aunque no elimina su presencia en la esfera pública. El presidente, aunque no cuenta con la mayoría en el Congreso, sigue ostentando el cargo de jefe de Estado y comandante en jefe de las fuerzas armadas. Esta dualidad le permite conservar un conjunto de prerrogativas que no dependen de la voluntad legislativa. El poder militar estadounidense sigue siendo una herramienta de gran alcance, y su uso puede ser un medio para proyectar influencia internacional. La incertidumbre sobre las próximas decisiones de Trump se intensifica al observar la tendencia de su liderazgo a cambiar de rumbo en políticas cuando se enfrenta a desafíos. A pesar de las fluctuaciones, ciertos rasgos permanecen constantes: su desprecio por los percibidos perdedores y la determinación de no ser visto como tal. Estas características pueden motivar acciones externas que sirvan para contrarrestar la percepción de derrota interna. En el ámbito de la seguridad, las semanas previas a las elecciones se caracterizaron por un despliegue de fuerzas estadounidenses y declaraciones beligerantes que alimentaron rumores de una posible escalada con Irán. Un bombardeo limitado sobre una isla iraní en el Golfo Pérsico se llevó a cabo antes de los comicios, lo que generó preocupación sobre la intención de reactivar un conflicto. El senador demócrata Chris Murphy, hospitalizado tras un derrame cerebral, asistió a una reunión clasificada sobre opciones militares para reanudar la guerra con Irán. En esa sesión, Murphy calificó los planes como una locura y advirtió que podrían desencadenar una escalada devastadora. Se especula que el Departamento de Defensa podría contemplar ataques a infraestructura civil, lo que constituiría un crimen de guerra y provocaría represalias iraníes. El régimen de Teherán ha seguido de cerca los acontecimientos políticos en Washington. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, publicó una advertencia en redes sociales, expresando su satisfacción por la reacción interna de EE. UU. y respaldando el mensaje de que la guerra no es deseada. El mensaje subraya la percepción de que la política estadounidense está siendo traicionada por intereses internacionales. El primer ministro interino de Israel, Benjamin Netanyahu, ha reiterado su objetivo de derrocar al régimen islámico de Teherán. Según informes de Israel y EE. UU., Netanyahu está presionando a Trump para que vuelva a la guerra. La falta de escaños necesarios para formar un nuevo gobierno en Israel plantea la posibilidad de que una guerra prolongada pueda abrir nuevas vías para la formación de un gobierno de unidad. En el frente de Ucrania, Trump había levantado sanciones contra Moscú para comprar diésel ruso antes de las elecciones. Podría decidir prolongar o profundizar el alivio de las sanciones con la intención de mitigar la presión económica sobre los consumidores estadounidenses. No se ha mostrado especialmente preocupado por la presión letal que sufren los civiles ucranianos, y su postura sugiere una búsqueda de concesiones territoriales que podrían equivaler a una capitulación para Kyiv. Tras la derrota electoral, Trump podría intentar redoblar la presión sobre el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, para que acepte concesiones que ha rechazado repetidamente. La posibilidad de que el presidente de EE. UU. continúe erigiendo monumentos en su honor en Washington DC sugiere que su influencia interna no se extinguirá de inmediato. Sin embargo, las predicciones sobre sus próximos pasos, tanto a nivel nacional como internacional, corren el riesgo de ser equivocadas.
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Fuente original: Leer la noticia completa en BBC Mundo

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