Los ancianos, héroes silenciosos de la victoria de Lula
El voto de los mayores impulsó la remontada de Lula en el segundo turno, convirtiéndolos en protagonistas de la democracia brasileña.
Por World news | The Guardian · 5 de noviembre de 2026

El 25 de octubre, Brasil celebró una de las elecciones presidenciales más trascendentales de su historia reciente. Con la participación obligatoria de 18 a 69 años, la mayoría de los votantes acudieron a las urnas en la primera vuelta, pero un fenómeno inesperado surgió en el segundo turno: la movilización de más de un millón de ancianos que, tras haber perdido la primera ronda, decidieron ejercer su derecho al voto.
Entre ellos se encontraba Celia de Oliveira Soares, una abuela de 101 años que, tras casi una década sin votar, fue acompañada por su familia a una escuela cercana. Con la ayuda de su nieto y su esposo, Soares subió dos tramos de escaleras, se sentó en la silla de ruedas y, con firmeza, introdujo el número 13 en la máquina electrónica, el código de Lula. Su declaración, ‘Me gusta Lula, no me gusta Bolsonaro’, resonó como símbolo de la determinación de los mayores.
La cifra de 1,4 millones de votantes mayores de 70 años que participaron en la segunda vuelta, frente a los 3 millones de nuevos electores, destaca la importancia de este grupo. La participación obligatoria no cubre a los ancianos, por lo que su decisión de votar fue voluntaria y, según expertos, influyó en el resultado final.
Lula logró una remontada histórica, recuperando 10,3 millones de votos entre la primera y la segunda vuelta. Este fenómeno, sin precedentes desde la restauración de la democracia en los años 80, se convirtió en el centro de análisis de analistas y periodistas.
Entre los factores que explican la victoria se encuentran el aumento de beneficios sociales la noche antes del voto, la movilización digital de un grupo de WhatsApp pro‑Lula que pasó de 50.000 a casi 11 millones de miembros en menos de un mes, y la protesta estudiantil que se extendió por todo el país, con millones de ciudadanos en las calles.
Los ancianos, sin embargo, fueron reconocidos como héroes silenciosos. Lula, en su fiesta de cumpleaños número 81, derramó lágrimas al agradecer a los votantes de 80, 90 y 100 años, describiendo las imágenes virales de personas con bastones y sillas de ruedas como la ‘imagen más poderosa y humana’ que había visto en una elección.
Simone Tebet, exministra, calificó el resultado como un triunfo intergeneracional que envía un mensaje al mundo democrático: ‘Es posible resistir al fascismo, basta con movilizar a la sociedad’. El periodista José Roberto de Toledo añadió que la mayor participación de los mayores se debió, en gran parte, al miedo, pues muchos cambiaron su voto de protesta por uno de menor riesgo en la segunda vuelta.
El temor a un posible autoritarismo de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente que está en prisión por intentar un golpe, también jugó un papel. Soares recordó la dictadura de Getúlio Vargas y la influencia de su padre, Jair Bolsonaro, en la pandemia, donde la campaña de vacunación fue socavada y 700.000 brasileños perdieron la vida.
El voto de los ancianos no solo cambió el resultado electoral, sino que también reforzó la idea de que la democracia depende de la participación activa de todas las edades. En un país donde la violencia política y la polarización son cada vez mayores, la historia de Soares y de sus pares ofrece un recordatorio de que la fuerza de la ciudadanía puede superar incluso los obstáculos más difíciles.
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